Perdido en el bosque:

A primera hora, cuando el día despunta me encuentro en el bosque del club recolectando un cesto de "Carlets" unas características setas con el gorro morado y algunas trompetillas de la muerte, pocas... por lo visto durante la semana ha pasado el séptimo de caballería por el bosque. Nos encontramos en el campo de entrenamiento con José que ha encontrado unos robellones excelentes, me indica la zona alta de pinos donde los ha encontrado, nos desayunamos en el bar y planeo mi expedición en busca del robellón perdido.

Por esta razón esta mañana he dado descanso a mi arco, esta mañana "San Robellón" tiene que iluminar mi búsqueda... iluso de mi.

Sólo, armado con mi cesta y un cuchillo asciendo hacia una zona de pinos sobre el club de tiro, todo parece labrado como si hubieran hecho una verbena en pleno bosque, pero como uno es muy cabezón... me dejo llevar por mis piernas mientras examino palmo a palmo el suelo del bosque. Ha transcurrido media hora, intento regresar pero falla mi orientación, no escucho los disparos de las carabinas del club de tiro... mala señal, según voy descendiendo el bosque va enmarañándose de forma que no puedo elegir a donde ir, el propio bosque va engulléndome hasta que me detengo y empiezo a ser consciente de que no se donde estoy, he descendido muchísimo y nada me es familiar 360 grados alrededor.

Perdido en el bosque...

Primeros síntomas de nerviosismo, examino el reloj, el tiempo transcurre inexorable y no dispongo de medios para orientarme ni para comunicarme con bicho viviente que pueda echarme un cable para salir del embrollo, es posible que esté dando círculos o me esté alejando cada vez más de mi lugar de origen, me digo... "Robin, ¡la has cagado!" si a las dos del mediodía no estoy en casa... Montse va a inquietarse, hay que salir. Me detengo intentando tranquilizarme, si no puedo utilizar referencias visuales ya que el Sol está tapado utilizaré referencias acústicas. En la lejanía escucho el ladrido de un perro y una especie de cencerro sonando... ¿ovejas? no puede ser, este bosque es muy tupido y por aquí no pueden pasar. Trazaba la dirección a seguir para contactar con el perro cuando escucho unos disparos de cazadores...¡Mierda! hay cazadores y el cencerro que escucho debe ser del perro de caza que antes ladraba... intuyo el peligro de que me tomen por una presa y termine mis días abatido por el arma de un depredador humano... hay que hacer algo... emito una serie de silbidos al tiempo que me alejo del origen de los disparos, maldiciendo a "San Robellón" por la mañana que me tenía preparada, doy unas voces para que los cazadores sepan que no es un jabalí quien está por ahí perdiéndose más y más.

Veinte minutos más tarde, cansado, arañado a conciencia y pensando en como iba a salir de allí escucho el tintineo de la campanilla del perro cazador, dos minutos más tarde le veo descender por una ladera enmarañada de maleza, le llamo con mil y un sonidos guturales y unos cuantos silbidos, en un abrir y cerrar de ojos mi mano peina con suavidad el dulce pelo de quien esta mañana me regresaría al mundo de los encontrados. A lo lejos, la voz de un cazador reclamando el regreso del perro que al instante gira la cabeza, es entonces cuando le digo a mi "salvador perruno" ¡vámonos!. Iniciando la marcha el perro me adelanta, se detiene, regresa hacia mi para volver a adelantarse marcándome por donde tenía que ir, transcurridos quince minutos diviso un camino forestal y en una curva el todo terreno de los cazadores y el remolque de los perros. No puedo creerlo... al fin tengo un camino que seguir, no sé hacia donde pero ya poco me importa. Abrazo a mi perro salvador y le mando regresar a sus dueños, da una pequeña galopada y se detiene mirándome... "¡Marcha... te están llamando! el perro gira la cabeza y en cuestión de unos segundos desaparece entre la maleza del bosque.

Inicié entonces la que iba a ser una larguísima y dura caminata, pero al menos con un rumbo... un camino a seguir. Hora y media más tarde finalicé la ascensión y escuchando los disparos del club de tiro alcancé el portón de entrada del club, agotado por el ascenso, impregnado entero en sudor, me introduje en el primer asiento confortable de esta mañana... mi cuatro ruedas.

Llamo a casa con el móvil que desafortunadamente olvidé en el vehículo para dar cuenta de la aventura a Montse... quien me dice que como no lleve un GPS no me moveré en el futuro de las inmediaciones del club... ellas siempre tan exageradas.

Anochece, aporreo mi teclado descansando en mi confortable hogar, por la ventana observo como una espesa niebla va cubriendo el paisaje... a lo lejos el bosque ... en mi mente.. un perro, a mis pies tres perros más que curiosamente esta noche no se despegan de mi... por si vuelvo a perderme... pero... ¿como lo saben?



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