Hojas doradas:

Rodeado en un bosque de hojas doradas...



Un remanso de paz en el que puedo retirarme a contemplar en silencio y recordar, en el declinar del año, el ciclo que termina. Es necesario comprender el lugar que todo ocupa en la Creación, que no hay actividad sin descanso, ni euforia sin serenidad. Es este un lugar también interior para recapitular y encontrar qué es lo que realmente queremos.



Atardece, la bruma acompaña al río que atraviesa el bosque antiguo. El Otoño es el crepúsculo, el declinar del Sol. El año se acerca a su término y las lluvias dan fin al verano. Las hojas en los árboles amarillean preparándose para el sueño invernal. La luz disminuye y la atención se dirige hacia dentro. Es momento de recogerse, revisar lo antiguo y prepararse para la renovación desprendiéndose de lo que sobra o estorba. Ha llegado el momento de cultivar la serenidad, aquietar las emociones... y observarlas, descubrir que son como el agua y pueden desbordarse como en las riadas, es ahora cuando hay que descargar la tensión como la lluvia que limpia el bochorno del viento sur, estancarse como en las ciénagas... o serenarse como en un lago de montaña.



Ha llegado el Otoño, es en esta época del año cuando más me seduce el bosque, es el momento de la introspección y la meditación, es el momento de impregnarse con la sabiduría de los árboles, es el momento de abrir nuestros cinco sentidos a la magia del bosque.



Como el árbol, desprendámonos de las hojas antiguas para dejar hueco a los nuevos brotes que el futuro traerá...





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