XI Campeonato de España
Recorrido de Bosque - 1999
Purullena (Granada)

Crónica personal

Jordi Durall Rivas


Quiero dedicar este relato a mi amigo entrañable Josep Barceló que es capaz de soportarme más allá de cualquier circunstancia, y eso no lo hace ni "Zuperman".


LO DE TORCUATO (prólogo):

Un día antes de empezar fui a dar un paseo, y entré en la catedral. Era muy fea, pero me llamó la atención, una pequeña capillita octogonal (el octógono, la geometría y yo, tenemos una vieja y larga relación). Total, que me presento allí y leo un letrero, "San Torcuato". Yo, no creo en estas cosas, y apenas se como van, a pesar de 18 años entre los jesuitas, pero, recé una oración, es decir: me puse a hablar con Torcuato: ¡Hola Torcuato¡ No te conocía, ¡encantado de verte!. Mira Torcuato, he venido a un campeonato de tiro con arco, y voy a pedirte Torcuato, que me hagas campeón un rato, y si puede ser hacia el final ¡mejor!. te voy a encender una velita, que estás muy a oscuras, y no debes ni poder leer el periódico, ¡Amén¡ (porque de eso si que me acuerdo, todo siempre acababa con amén). Puedo decir ahora, que Torcuato no estaba sordo, y además es generoso porque me dió lo que le pedí, y eso que no nos conocíamos de nada, y solo por 25 pesetas que es lo que costó la velita. Luego me enteré que Torcuato era el patrón de la ciudad de Guadix, pensé, ¡que falta de modales por mi parte!, pero parece ser que eso a los santos les trae sin cuidado.

EMPIEZA LA FIESTA:

Todos los campeonatos de España en los que he participado, han estado precedidos de desgracias. Este año empezaron el 8 de Mayo. Mi amigo del barrio, Ramón, el bodeguero con quien celebraba mis pequeños o grandes triunfos con el arco, falleció. El día 9 (domingo) se celebraban los funerales en la iglesia de Sta.Maria del Mar, en mi barrio. No sabía que hacer, si ir al funeral o ir a tirar. A Ramón le hubiera gustado más que yo fuera a tirar -pensé, y así lo hice. Me había llevado mi nuevo long-bow, el black widow, para probarlo. Las cosas no iban bien. Eran las 11h. 30m y me acordé de Ramón, cerré los ojos y vi su cara. Con el pensamiento le dije "Debería estar en tu funeral, pero aquí estoy, pensando en ti", Ramón sonreía, de repente noté un golpe en mi espalda y otro en el cogote, me giré buscando a alguien, ¡nadie!, miré a ver si me había caído o chocado con alguna rama, ¡nada!, que raro y extraño. Ramón me decía: "Deja este arco, no ganarás con él". Después de ese día, cogí mi 21st Century y empecé a entrenar en vistas al campeonato de España.

Le había contado a Josep Barceló que este año tenía la sensación de subir una montaña, mi progresión era constante pero en cantidades mínimas (235, 295, 371), pero yo intuía que llegaría a la cima. Una fuerza interna y una convicción fuerte y profunda me hacía seguir a pesar de no alcanzar primeros puestos. El día anterior al viaje, diluvió, al llegar a mi coche y abrir la puerta me encontré que se había inundado por dentro, había más de un palmo de agua en el piso, debajo de las alfombras encontré unos tapones, los quité, y se fue casi toda el agua. No me enfadé ni me irrité, me dije: "Buena señal". El día anterior llevé el coche para su revisión, y me había olvidado allí el paraguas, quise recuperarlo, por lo que regresé en su busca. El paraguas había desaparecido. Como ya había sufrido bastantes desgracias, puse rumbo al sur, 989 Km. me esperaban. Eran las 10 de la mañana y llegué a Guadix 8 horas después en mi coche-bañera, paseando mis ojos por el increíblemente bello paisaje. Al llegar, contacté con la organización del campeonato y, ¡¡ PROBLEMAS !!. En nuestra categoría solo éramos 7 arqueros y según el reglamento, para que hubiera un campeón de España se necesitaban por lo menos 8 inscritos, que no es lo mismo que participantes. Esto lo soluciono yo -les dije. Llamé a mi amigo Jordi Romeu, le conté lo que sucedía y le pedí su autorización, su número de licencia y lo inscribí. La organización aceptó. No lo hice por mi, quise que el que ganara, fuera reconocido oficialmente como campeón. Luego miré la lista de inscritos en mi modalidad, no conocía a nadie, y por lo tanto no sabía que nivel tendrían. ¡Bueno!, ellos tampoco saben nada de mi -pensé. Venían de Córdoba, Granada, Castilla la Mancha, sabía que por ahí hay buenos arqueros. También, todo hay que decirlo, hubo notables e ilustres ausentes, pero..... los campeonatos los ganan o los pierden los presentes, a los que por algo, se les llama "participantes". El objetivo de bajar unos días antes era para aclimatarse al lugar, esto es importante. A pesar del cansancio no pude dormir bien.

DÍA 16

Al día siguiente estuve en el campo de tiro. No había nadie más, solo los de la organización. El lugar era raro y extraño. Unas montañitas de arcilla (barro seco y duro) de unos 30 a 50 metros de altura, puestas como pirámides una al lado de otra, si lo ve Wald Disney o lo dibuja o lo compra. Por la noche llamé a Josep y le comenté que cuando quería tirar con técnica no metía ni una, "Déjate de historias técnicas, tu suéltate, déjate ir, haz las cosas a tu aire" y como todos damos consejos a los demás que somos incapaces de cumplir, le dije que así lo haría. No pude dormir.

DÍA 17

Un día antes de competir, nunca entreno, descanso. Salí a dar un paseo por Guadix y hacer unas compras. Quise hacer una siesta, imposible. A las 7 de la tarde en el acto oficial de bienvenida los de la organización nos dieron los dorsales, dossieres de turismo, un bolígrafo, una placa de cerámica, una caja de melocotones, discursos, aplausos, jamón, queso, cacahuetes, pan, cerveza, sangría, etc. Dormí muy mal, desde las 3 a las 6. A mi me extrañaba mucho esto de dormir mal, no era habitual en mi.

DÍA 18 prolegómenos

Me levanté y la ducha me reanimó, la ducha me reanimó, bajé a desayunar. Hacía frío, no había llevado ropa de abrigo, solo mi ropa estrafalaria. La ropa estrafalaria siempre descoloca a mis adversarios. Estábamos en el campo de tiro a las 8h 30m, la competición iba a empezar a las 10,30. Yo iba a lo mío, y todo lo mío estaba en orden. En el calentamiento tiré alrededor de 150 flechas y no me fijé en ninguno de mis adversarios, estuve charlando con gente que me conocía y otros nuevos que me querían conocer. Pasamos la revisión de material y lo de siempre, discursitos, aplausos, y de pronto nos llaman: "¡¡ Patrulla 8 !!". Mis acompañantes se llamaban, Virgilio Morales y Juan Antonio Bellido. Virgilio tenia 70 y pico años muy bien llevados, Bellido debía tener veintitantos, yo 50. Resultaron ser unos tipos encantadores y estupendos, que me crearon un problema filosófico - metafísico de órdago, pues al final ya no sabía si me gustaba más tirar al arco o descojonarme de risa con ellos.

Siempre miro el equipamiento de mis contrarios, según veo, me hago una idea bastante aproximada y exacta de que clase de adversarios tengo enfrente (son años de mirar). El circuito estaba dividido en dos secciones, la blanca y la amarilla, según decían, la blanca era más fácil y la amarilla más difícil. Nosotros empezabamos por la más fácil.

LA COMPETICIÓN

La primera diana era un faisán, un tiro largo y complicado. Todos hicimos lo mismo, cero-cero, y eso no me gustó. A la siguiente, corregí e hice la máxima puntuación 35, un pleno que decimos, y a la siguiente, otro pleno. Mis adversarios me miraron con una mirada extraña, entonces, aparecieron los nervios, me puse más nervioso que nunca y ¡claro!, las cosas ya no iban. Yo sabía que para ir bien en la diana 10 debía llevar 175 puntos y no había llegado a 100. Pregunté a mis compañeros si sabían el nivel de los otros. No tenían ni idea. Empecé a pensar que aquello estaba perdido, asi que.... llamé a Ramón. Cerré los ojos y grité por dentro: ¡Ramooón¡¡ y Ramón apareció dentro de mi cerebro "Ramón" -le dije, "ponme una gaseosa y una botella de vino de Rioja, y ayúdame a meter las flechas, que no van", la imagen de Ramón sonreía. Disparé unas flechas y algo cambió, ¡menos mal! pero quizás ya era demasiado tarde, ¿cómo iba a ser tarde si acababamos de empezar?, Ramón estuvo conmigo durante todo el circuito, la de botellas de gaseosa y Rioja que llevaba encargadas a Ramón, necesitaría un camión para llevarlas. A pesar de lo dicho, convertimos el circuito en una juerga, reimos hasta el llanto con las tonterías que nos fuimos contando, nos lo pasamos en grande, demasiado, tanto que aquello no parecía una competición. Al terminar, nos fuimos a comer, no podía tragar, apenas comí, un trocito de pollo que flotaba a la deriva entre tres fideos, y cuatro trocitos de carne con tres patatas fritas. Pedí uvas de postre, solo pude comer cinco. Pedí un cafe, estaba medio dormido y cansado.

Eran las tres de la tarde, hasta las 5, no empezaba la segunda vuelta, intenté ir al coche y dormir en una colchoneta que llevaba, ¡imposible!. Empecé a hacer yoga, a respirar, ¡nada!. Entonces, fui a buscar agua fría y me regué bien la cabeza y el cogote, la respiración era entrecortada, al cabo de unos 20 minutos estaba sereno y muy despierto. Fui a ver las clasificaciones: en primer lugar Carlos Serrano con 280 puntos, en segundo lugar Francisco Domingo de Osuna con 260 puntos, en tercer lugar Jordi Durall con 230 (¡mal!), el 4º era Francisco Perez con 205 el 5º era Bellido con 200, el 6º E. Medina con 155, el 7º Virgilio con 145 y 8º J.Romeu con 0 puntos. No me gustó ver esto, tenía que reaccionar, además pensaba, si ellos han tirado sobre el recorrido difícil y han hecho más, ¿que va a pasar ahora?, pero yo estaba lleno de una fuerza serena e iba a causar estragos.

2º RECORRIDO ¡la apoteosis!

Quería empezar a tirar. Los arqueros ya estaban en el campo de entreno. Reuní a unos cuantos y fuimos a solicitar el empezar cuanto antes. Todos estuvieron de acuerdo y suerte que así lo hicimos porque la luz y el viento iban a complicarse. Empezamos, yo seguí llamando a Ramón y pidiéndole gaseosas y Riojas, pero me notaba distinto, encontré mi manera de tirar, con tranquilidad, lo que los americanos llaman en sus libros de rendimiento máximo, el "Cocoon". Todo salía bien, todo funcionaba perfectamente y atacaba y atacaba, hice un cero, lo mandé a la mierda, y seguí como si no lo hubiera hecho. El viento levantaba nubes de polvo ¿y qué? mis flechas seguían entrando, los otros comentaban lo difícil que era esa diana, yo les decía: "Para mi no lo es" y las flechas adentro. Las flechas volaban haciendo eses por efecto del fuerte viento ¿y qué?, entraban. Yo era el jefe de patrulla y llevaba la puntuación, pero no me entretenía haciendo cálculos. Llevábamos un buen ritmo, después me di cuenta, que los llevaba a mi ritmo. No perder el ritmo es importante. Iba como en una nube, me dejaba ir, tiraba a mi aire, esa era mi manera de hacer, algunas veces tensaba más el arco, otras menos, tiraba sin anclar, sin "técnica" (como me dicen) pero mis flechas entraban una y otra vez. Seguía llamando a Ramón y más gaseosas y más Rioja. No quería sentir la alegría, quería seguir, con el ánimo plano, sin nada, aplazaba para luego el sentir, en esos instantes no quería sentir nada más que la tensión de la cuerda y la liberación de la fuerza. Había tiros difíciles y complicados por distancias y por posición ¿y qué? ¡Ramooón! y entraban. Os podría contar flecha por flecha y diana por diana, ¡que gozada!. En la última diana había un pavo en una posición complicada y notaba que todo aquel embrujo se acababa pero intenté aprovecharlo y me salió un cero-cero.

Hice 395 puntos, era consciente que eso iba a hacer daño. Mis amigos me miraron con admiración, cosa que no me gusta: "Si lo hago yo, vosotros también podéis hacerlo". Pero ellos menearon la cabeza. Bellido había hecho 215 y Virgilio 210. Al llegar al campo, nos esperaban los otros contrincantes, cuando les dijeron mi puntuación se vinieron abajo, ellos habían hecho: 295, 270, 210, 215, 115, 150. Me colocaba en primera posición con una ventaja de 70 puntos. Fui al hotel, me duché, y bajé a cenar, ya podía tragar. Llamé a Josep Barceló y hablamos, pero yo sabía que al día siguiente todo podía venirse abajo. Mis amigos vinieron a buscarme para ir de juerga, pero no fui, quería dormir. Al día siguiente la competición iba a empezar a las 8 en el primer circuito y luego nos íbamos a meter en el segundo, sin parar. Terminaríamos hacia las 2 del mediodía. Por la noche, el tiempo empezó a estropearse. Oí una por una las campanadas del reloj de la iglesia, desde las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana.

DÍA 19, TERCER CIRCUITO

Me levanté y me duché, la ducha me hizo mucho bien. Bajé a desayunar, el día seguía estropeado, viento, lluvia y frío. La lluvia y yo no somos buenos amigos cuando se trata de tirar con arco, para colmo, me dejé olvidado el impermeable en el hotel. Nos habían cambiado las patrullas, ahora ibamos los cuatro primeros juntos, y la clasificación era la siguiente: 1º J.Durall con 625 puntos, 2º Osuna con 555, 3º Carlos con 550, 4º Bellido con 415, 5º Virgilio con 355, 6º Perez con 350, 7º Medina con 270 y 8º Romeu con 0. Estaba semi-tranquilo, hice un cálculo mental y me equivoqué, creía que les llevaba una ventaja de 55 puntos, cuando en realidad eran 70. Este error y otros, los fui arrastrando toda la mañana, pero, iba a ser la gran lección del día, el gran tesoro que saqué de esta competición.

Empezamos, tanto Carlos como Osuna iban como una moto, se les veía audaces, atrevidos, llenos de confianza, seguros, iban a por todas, al cabo de un rato se les unió Bellido, en la diana 5, llevaban ya 105 puntos, yo 40. Yo repetía mis llamadas a Ramón, pero no aparecía por ningún lado, y San Torcuato tampoco. De pronto una extraña calma y serenidad se apoderó de mi, era imposible enfadarme conmigo mismo, ni estimularme, ni reaccionar, a pesar de ser la sombra del día anterior en el circuito donde había estado espléndido. El día anterior llevaba un promedio aproximado de 20 puntos por diana ahora solo era capaz de hacer 10 y con mucho trabajo. Bellido me miraba pasmado, ¿Que te pasa chiquillo? -me decía, y le contesté: "No pasa nada, y si pasa algo, no importa".

Ramón seguía sin aparecer, por más gaseosas y botellas de vino tinto que le pidiera. Yo estaba allí y nada me afectaba, la lluvia no existía a pesar de estar empapado, había hecho 6 doble-ceros seguidos y no me salía ni un quejido, ni un reproche, a veces pensaba: ¿qué le voy a contar a Josep? ¿Qué cara pondrá? ¿Qué va a pasar en el último circuito si las cosas van así?. Carlos, Osuna y Bellido seguían con su buena marcha y no fallaban, si yo hacía 10 ellos 20, si yo hacía 35 ellos también, si yo hacía 20 ellos 30. Pero como soy zorro viejo en este asunto, sabía que ese ritmo que llevaban no lo iban a aguantar mucho tiempo, estaban gastando demasiadas energías y tarde o temprano su depósito se iba a vaciar antes de llegar al final, aunque lo mío parecía ser peor, pero era solo eso, un parecer, porque este estado parecido al encefalograma plano, esta serenidad y calma la he conocido muchas veces estando en competición y sé lo que es capaz de aportar. Finalizábamos el circuito, la lluvia caía con fuerza y yo tenía frío, subíamos por una pendiente difícil de la montaña, que resbalaba, yo era el último de la fila y el último en disparar, saqué los papeles de las puntuaciones y las quise mirar, hacer cálculos y.... y me lo prohibí. En aquella última diana fallé y sumé un cero-cero más en mi colección del día, que respecto a ceros, había sido espléndida. Puntuamos y fuimos deprisa a refugiarnos a una cueva enorme donde la organización tenía su cuartel general. Nos obsequiaron con un bocadillo y un vaso de agua, me senté en el suelo a comer el bocadillo y a no pensar en nada.

Al terminar miré las puntuaciones: Había quedado el último, 1º Osuna 325 puntos, 2º Carlos 325, 3º Medina 320, 4º Virgilio 285, 5º Durall 215, Perez se retiró y Romeu no estaba. No, no me había confiado en mi ventaja, pero ahora, al mirar las puntuaciones descubrí el error que había cometido al creer que solo les llevaba 55 puntos de ventaja, ¡les llevaba 70!, y eso hizo que mis ánimos aumentaran, a pesar de lo complicado de la situación. Me sacaban solo 40 puntos en la clasificación, no era imposible, pero sabía que iba a ser duro, muy duro y complicado, pero en mi vida he tenido momentos así y he sabido estar, mi impasibilidad, mi serenidad indiferente, sé que me hace muy peligroso, y sé que los otros esto lo desconocen. Quizás Josep, lo resumió mejor, y dijo: "Has sido un ejemplo de saber estar, no dejar nada por perdido y seguir a pesar de todo". Mirándolo ahora, sentado en casa, reconozco que supe llevarme a mi mismo increiblemente bien, sin saber como lo hice, pero lo hice, me acordaba de una cosa que le dije un día a Josep "No metas entre tú y la diana, más ramas de las que ya hay, no te enredes a ti mismo". Y esos consejos que doy, esta vez fui capaz de aplicármelos.

4º RECORRIDO - FINAL

Empezamos a la diana 3, eran dos animalitos, pelo y pluma, conejo y pato. Yo tiraba en último lugar, esto a veces es bueno, otras no. Si ves que los otros han fallado, te animas, si no han fallado te exige hacer lo mismo. Yo no miraba lo que hacían, ellos iban tirando, llamé a Ramón, no conectaba. Me tocaba tirar y entonces me salió un gesto mío, muy típico, tiré las dos flechas en menos de 5 segundos, estaban en el pleno: 35 puntos, ¡bien!. Busqué los ojos de los demás, y encontré lo que buscaba "parece ser que este, ha despertado". En la diana siguiente había un mapache, ellos fallaron, mi primera flecha entró: 15 puntos. ¡Estábamos empatados! ¡empezaba ahora el campeonato!. Ciertamente, no íbamos a batir ningún récord, íbamos a ver quien conquistaba la medalla. Llovía y el viento soplaba en fuertes ráfagas. Ramón seguía sin aparecer. Fuimos tirando, como a camara lenta, yo lo controlaba todo sin alterarme, Bellido empezó a escapársenos y entonces, me asaltó una idea que me estuvo atormentando equivocadamente toda esta última parte del recorrido, a ver si va a ser este el que se va a llevar la medalla, esta idea me picoteaba el cerebro. Antes he dicho algo sobre el tesoro del campeonato, es el siguiente: Uno puede tener ideas equivocadas y sin embargo, llevar bien sus asuntos. Los seres humanos nos aferramos a las ideas y creemos que las ideas son la realidad. Hasta nos matamos por ellas y bien, bien, no sabemos lo que son. Dejé que mis ideas se fueran por donde quisieran, y yo a tirar flechas.

Íbamos muy igualados. Volví a llamar a Ramón y esta vez ¡por fin! apareció. Lo curioso, es, que con las palmas abiertas de las manos me hacía gestos como si dijera "¡Espera!" "¡coño Ramón! que esto es el campeonato de españa, mira que falta poco para el final y no lo llevo muy bien que digamos, mira que no te compro más gaseosas ¡eh!". Ramón siguió diciéndome que me esperara, y llegamos a la diana 13, había un pavo. En estas estabamos que aparece Ramón y me hizo un gesto con sus manos "¡Venga! ¡Ahora! ¡Adelante!". Mis flechas entraron en el pavo, sacaba ventaja, me ponía por delante, la siguiente diana era un muflón, como a unos 40 metros hacia arriba. Un tiro complicado. Tiraba yo primero, estaba muy sereno, tiro y la clavo en la madera del soporte de la diana. No pasa nada, -digo. Tiré la segunda y entró. Los otros fallaron. La siguiente, era un oso, también un tiro largo. Todos fallan, tiro, ¡un pleno!. Me prohibo ponerme eufórico, bueno, solo un poquito. A la siguiente un zorro en una fuerte pendiente. Carlos y Bellido puntúan, Osuna y yo cero-cero. Venía ahora un jabalí a nivel del suelo, lejos, estaba muy lejos y despistaba un pequeño montículo situado a la derecha. Llovía más. Mi primera flecha entró, Osuna entro la 2ª. Seguía aumentando mi ventaja, no lo sabía, lo notaba. La siguiente era la última del recorrido, luego teniamos que ir a tirar la 1 y la 2. Era una pantera, tiro largo hacia arriba, y en vez de estar perpendicular, la diana estaba colocada en diagonal. Ramón apareció y dijo "¡ Si !", tiré, 25 puntos. Osuna se venía abajo y Carlos también, cero-cero. Vino a buscarnos un coche, nos trasladó al inicio del recorrido, a unos 2 Kms. Llegamos, con una cierta prisa nos metimos en el circuito. La primera diana era un faisán, fallamos todos. Quedaba la última, tiraba en primer lugar Carlos, que falló la primera flecha, la segunda era un 10. Me tocaba a mi, llamé a Ramón, sonreia, buena señal, tiré y fallé. Un acceso de rabia y furia y un grito interno mío ¡basta! ¡que no!, el silencio y la calma. Volví a tirar y entró en el pleno 15 puntos, faltaba Osuna, tira, y falla, vuelve a tirar y fuera. Tiró Bellido y entró la 2ª. Sumamos los puntos y nos fuimos deprisa al campamento base, allí firmamos los papeles.

Yo quería desaparecer, irme al hotel a cambiarme de ropa cuanto antes, estaba agotado, pero Carlos quería saber a toda costa el resultado. ¡Fue terrible ese momento! Sumamos: ¡YO HABIA GANADO! con 1110 puntos, el 2º Osuna con 1095, el tercero Carlos con 1090 puntos. Pero en ese circuito el vencedor fue Virgilio que hizo a sus 70 y pico de años 320 puntos. Estaba tan cansado que no podía ni ponerme alegre. Me fuí a la ducha del hotel, luego llamé por telefono a Josep. Más tarde con papel y lapiz repasé lo sucedido y lo vi más claro y a punto estuve del infarto: en las últimas 8 dianas yo había sacado 115 puntos, Osuna por su parte solo 30. Le había ganado en la última diana.

EPÍLOGO

Luego vino el alboroto de la fiesta, entrega de premios, la comida, las fotos y las felicitaciones. Aquella noche dormí como nunca y al día siguiente inicié el viaje de regreso. Iba por una carretera recta y larga hasta el infinito, con una estupenda luz del sol, a mi izquierda unas montañas imponentes, se me escapó un grito: "¡Te quiero Madre Tierra!", pero dime algo, ¡dame una señal!, ¿Volveré a ganar algún día?. Entonces me fijé en un árbol solitario a mi derecha, a unos 60 metros, de allí salieron tres águilas que volaban hacia mi, al llegar a unos 20 metros, se elevaron verticalmente, y algo se encogió en mis entrañas, y volé con ellas.


Jordi Durall 23-IX-1999


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